En busca de la felicidad

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Los psicólogos positivistas afirman que es posible entrenarse para ser más felices. Para ello proponen lo siguiente:

Actualizado (2014)

 Cómo primer paso: Potenciar nuestra parte más hedonista, practicando actividades que nos reporten placer. Estas acciones van desde dar una muestra de cariño, comer una tableta de chocolate, expresar tus sentimientos a alguien o disfrutar de la música que más nos gusta. Tenemos multitud de actividades placenteras a nuestro alcance con las que alcanzar un hedonismo pleno.

 Cómo segundo paso: Realizar las aficiones que más nos satisfacen personalmente. En vez de malgastar ese tiempo libre con acciones que quizás sean placenteras para el momento, pero no nos aportarán nada a posteriori, como por ejemplo el ver la televisión. Está demostrado que hacer lo que a uno le gusta sin importarle si sirve o no para algo, solo por el placer de hacerlo, hace sentirse a uno más útil y mas pleno.

 Y cómo último paso; Proponen buscar un sentido a la vida más allá de uno mismo. Estudios con diferentes comunidades del mundo han demostrado que la gente que se siente parte de un grupo, ya sea un equipo de fútbol  una familia, o una congregación religiosa es más feliz.

 ¿Salud, dinero o amor?

Está demostrado que de la consabida trilogía salud, dinero y amor solo una de ellas es la realmente importante y la que verdaderamente determina nuestra alegría más duradera.
El dinero sólo nos trae la felicidad durante un corto periodo de tiempo. ¿Pero seriamos más felices si nos toca la lotería? Sí, pero también está demostrado que en tres meses la alegría inicial desaparece y retorna a sus niveles anteriores de satisfacción con nuestra vida, como si nada hubiera pasado. Por eso una vez que lleguemos a alcanzar unos ingresos medios que nos permitan cubrir las necesidades básicas, no debemos envidiar a los más ricos puesto que no son más felices que nosotros, tan solo es pura apariencia…

Una vez que descartamos el dinero como fuente de felicidad, podemos planear algunos cambios en nuestra vida para buscar la felicidad, como sería el cambiar de país, nuevos estudios, diferente clima… Pero ni la educación, ni el país, ni la raza influyen para ser feliz ni siquiera un estado de salud optimo nos garantiza la felicidad.

¿Entonces que nos queda? Hemos descartado tanto la salud como el dinero, así qué solo nos queda aferrarnos al amor para conseguir una felicidad duradera. El amor si parece determinar nuestra alegría más duradera. El único elemento externo que diferencia a los más felices con los que no lo son, es la intensidad de sus relaciones sociales y el tiempo que pasan con sus seres queridos.

¿Se hereda la habilidad de ser felices?

La felicidad es algo mucho más relacionado con el interior, con los sentimientos más profundos, que con lo que pasa a nuestro alrededor. Se hereda en gran medida el estado de ánimo de nuestros padres, se calcula que entre un 25% y un 50% de nuestra habilidad para ser feliz nos viene escrita en los genes, y a partir de ahí nosotros ponemos el resto para más o menos estar contentos…

Pero aunque pienses que la carga genética puede parecernos una traba sobre todo si nuestros padres eran pesimistas y nosotros también, existe un margen de maniobra que nos permite mejorar nuestra satisfacción con la vida. El cerebro es plástico, y cambia a lo largo del tiempo, por lo que podemos enseñarle a aprender de las malas experiencias y potenciar y disfrutar los pensamientos positivos y las buenas sensaciones.

 Optimismo y pesimismo

Un optimista es un pesimista mal informado o no soy pesimista tan solo soy realista, son afirmaciones que están muy enraizadas en nuestro pensamiento. ¿Pero son realmente ciertas estas frases? ¿La realidad más objetiva conduce irremediablemente al desaliento y a la desilusión? Pues parece que no, en primer lugar nuestras percepciones son de una subjetividad total. Como gran ejemplo tenemos el de la botella que se encuentra medio llena o medio vacía, este ejemplo nos ilustra perfectamente como el temperamento de la persona moldea su perspectiva de las cosas. Y ante la botella de la vida pues ocurre lo mismo…

Los estudios dicen que las personas más optimistas analizan los aspectos negativos de las cosas mucho más que las personas pesimistas los aspectos positivos. Así pues el optimista es siempre más realista al contrario de lo que pensábamos. En este sentido la depresión podría considerarse como ejemplo extremo de pesimismo, aunque habría que tener en cuenta que ya no estaríamos hablando de un temperamento sino de una enfermedad.

No son nuestras ideas lo que nos hacen optimistas o pesimistas sino que es nuestro optimismo o pesimismo el que las modera. Son muchas las diferencias destacables entre optimismo y pesimismo:

El optimista confía en encontrar soluciones y son mas perseverantes, tienen la sensación de controlar las circunstancias lo que les ayuda a mantener el equilibrio emocional y se enfrentan y ponderan mejor todas las situaciones porque antes de tomar decisiones sopesan tantos los aspectos positivos como los negativos. Mientras que los pesimistas se limitan a ver únicamente los negativos…

Los psicólogos están convencidos de que el poder reparador del optimismo ante la adversidad es independiente de la edad, el sexo, la inteligencia, el nivel de formación o los recursos económicos. Y afirman que la confianza en uno mismo, la interpretación positiva de los sucesos y sobre todo la esperanza, nos protegen de los efectos nocivos de los infortunios…

 ¿Se puede autorregular el estado de animo?

Las últimas tendencias en psicología apunta que el ser humano posee una especie de sistema inmunológico cognitivo. Un dispositivo que se enciende sin darnos cuenta cada vez que nuestro estado de ánimo se derrumba y que nos empuja a estados de mayor bienestar.
Los expertos han llegado a realizar experimentos a través de lo que se podría llamar un estado de melancolía inducido. 

En este experimento al sujeto se le induce a estado emocional de ligera tristeza, a continuación se les muestra en un monitor simultáneamente parejas de palabras, una palabra de carácter positivo y otra de carácter negativo y se analiza hacia donde dirige el sujeto la mirada.

La idea del experimento es que si la persona dedica más tiempo a las palabras positivas o a cualquier tipo de estimulación positiva, sería una prueba de que la persona incluso sin ser consciente de ello, estaría intentando regular su estado de ánimo buscando mecanismos o estrategias que le permitan volver a un estado de ánimo más normal.

Otra de las hipótesis que barajan con este experimento es que en personas con depresión parte de este estado de ánimo quizás se deba a una dificultad atencional, para situar sus capacidades o recursos atencionales en elementos positivos. Por eso cuando les aparece una palabra positiva y otra negativa, la persona con depresión sistemáticamente se irá hacia la negativa y no pueden desengancharse de ella, por lo que estas personas se consideran problemáticas a la hora de intentar pensar en algo positivo…

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Soy diseñador gráfico y web freelance residente en sevilla. Creador y editor de Josantonius, un blog multitemático que posee contenidos en los que se abordan temas variados de interés general; Ciencia, Historia, Salud, Tecnología, Biología, Amor...

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